11 de marzo de 2008

Un genio contra sí mismo

La visión y la seguridad del director, basadas en su amor por el cine y sus años de experiencia, le permitieron dirigir Munich de forma diferente a sus anteriores películas. A pesar de tener una visión muy clara de la historia, no se sirvió de un storyboard. Trabajó de forma muy espontánea y orgánica, basándose en la intuición para desarrollar cada escena. Por lo tanto, la colaboración entre el equipo artístico y técnico durante el rodaje debía ser muy estrecha. Daniel Craig, un miembro del equipo de asesinos, dice: “Steven es extremadamente fluido a la hora de dirigir. Si ve algo, intenta usarlo inmediatamente. Me entusiasma trabajar así, aunque también da miedo. Pero si ése es el estilo de rodaje, es mejor estar con Steven Spielberg. Aporta un sinfín de conocimientos cinematográficos”.

Steven Spielberg, de conocido origen judío, puso todas las cartas sobre la mesa, yendo en serio en pos de sus designios, echando por tierra su imputada condición de timorato inocuo con respecto a la crudeza visual de una violencia que se expande a lo largo de la cinta con incómodo desabrimiento, ensangrentando la pantalla con efusión, con brutalidad extrema e inusual dentro del cine del director de ‘E.T.’, una violencia ineludible cuando lo que se pretende es promover la idea de la irracionalidad inherente a la sangre y a la venganza. El director utiliza todos y cada uno de los recursos cinematográficos para estructurar con minuciosidad los planteamientos morales y políticos a través de la acción sin freno, del manejo del género de espionaje, del drama, de la reflexión analítica de un tema tan arriesgado que es imposible no subrayar la posición moral de un director al que no le hacía falta, desde su cómoda posición en Hollywood, a meterse de lleno en proyecto de profundo calado como es esta película.

La importancia que tiene Munich en la filmografía de su director no procuró muchos comentarios entre la crítica, parte exenta de capacidad analítica y otra obcecada con lo explícito. Dos razones:

En primer lugar, su escabrosa temática. Desde que en 1984 filmara The Purple Color, Spielberg dejó a las claras que los grandes espectáculos mainstream no eran las únicas inquietudes que le movían a dirigir películas. Desde aquella narración sobre la vida de los esclavos en los States, esta vertiente ideológica (falsa y comúnmente denominada “seria”) de la filmografía del realizador se ha visto sazonada con diversos títulos que han tratado otras cuestiones de especial trascendencia histórica y moral para el realizador, especialmente la segunda guerra mundial (un filme bélico – Save Private Ryan- y un drama acontecido en un campo de concentración japonés – Empire of the Sun-, así como el Holocausto – Schindler’s List-), pero también otro ajuste de cuentas a los mecanismos del esclavismo (Amistad). Munich sería, a priori, otro título a añadir a esa fracción de la obra de Spielberg. Sin embargo, se me antoja como mucho más que eso: da la sensación que Spielberg ha alcanzado una plena conciencia de su capacidad como transmisor de ideas así como un serio compromiso con su tiempo. Al igual que en una película de evasión como War of the worlds, su predecesora, el director ya alentaba en las imágenes la sombra del miedo terrorista que tiene amordazada a la sociedad norteamericana actual, en esta Munich Spielberg asume todos los riesgos imaginables. Porque Munich es una película de larga duración que nos habla sobre terrorismo desde las antípodas del dogmatismo, que enfrenta al espectador con las raíce de ese miedo antes enunciado, escarbando en sus causas, en sus entrañas, sin temor de agradar o defraudar, sino de dejar patente que la valentía es una obligación de aquéllos que se hallan en una posición preeminente en la industria.

Éste es quizás el proyecto que más se ha mantenido en secreto en la carrera de Spielberg, algo que sorprende al recordar el circo vivido con la promoción de La Guerra de los Mundos: un secretismo extremo en cuanto al aspecto de los marcianos, la prohibición a los periodistas de publicar sus críticas antes del estreno de la película... Sin embargo, con Munich solo se supo durante mucho tiempo que Spielberg iba a realizar una película sobre los atentados que tuvieron lugar en la ciudad alemana. Sólo existe un poster y un trailer y el director únicamente ha concedido una entrevista que se adjudicó la revista Time. Munich apenas ha tenido campaña de publicidad, salvo una página web oficial en la que se incluyen numerosas notas de producción y entrevistas. No se han convocado ruedas de prensa para la presentación de la película y la polémica creada por el tema que trata está dando más fama a la cinta que la propia distribuidora encargada de la promoción. Spielberg justifica esta ausencia de bombo y platillo con un sentimiento: su deseo de que sea la película la que hable por sí misma.

La vertiente política de la historia no escatima detalles en la plasmación de la falta de escrúpulos y la nula legalidad internacional que caracteriza el funcionamiento de las redes de servicios secretos y sus confidentes, así como que escarba en el sentido de los actos propios y ajenos, dejando en la interpelación del espectador –como es de proceder en una buena narración de corte político- diversos interrogantes que no tienen fácil respuesta.


Fuentes documentales:
chaplin2tarantino.blogspot.com
cineypolitica.blogspot.com
actualidad.terra.es
http://www.cinenganos.com/
http://www.labutaca.net/
http://www.proscritos.com/